Chacona

By bachologist

La belleza de esta obra difícilmente escape la percepción de alguien. La chacona de Bach, de su Partita para violín solo No. 2 en Re menor, es una de sus obras más destacadas. Desde la primera vez que la oí interpretada en un disco en oferta por un violinista no muy destacado me enamoré de ella. A partir de ese momento está continuamente entre mis piezas musicales favoritas (una lista frecuentemente sujeta a modificaciones).

Varios meses pasé disfrutando casi todos los días los quince minutos que dura esta máxima expresión del arte humano. Tiempo después descubrí que existían transcripciones e intérpretes de esta obra en mi instrumento, la guitarra. La obra musical más grande de la historia podía ser ejecutada en mi humilde instrumento!

Comencé a oír más y más versiones, por diferentes intérpretes, tanto en violín como en guitarra. Los diferentes tonos, tempos, calidades de expresión. A pesar de tanto amor que le tenía había algo que me impedía intentar conquistarla con las cuerdas de mi guitarra (algo más allá de las dificultades técnicas). Le tenía un sumo respeto. Pensaba que no podría honrar esta composición, era demasiado perfecta para mí, y si intentaba interpretarla solamente le haría daño, le quitaría su perfección.

Aún hoy, que domino todos sus compaces casi a la perfección, no me atrevo a interpretarla en público. La toco en privado solo para mí, cuando la fortuna de la vida no me sonríe, y necesito algo que me anime, alguien que me acompañe, que me hable al oído con una voz dulce, que me comprenda.

Esta obra me hace sentir las más diversas emociones, hay pocas piezas musicales que me hacen lo mismo. A través de sus variados matices viajo por lugares, recuerdos olvidados, vuelvo a encontrar las alegrías que ya no existen, las tristezas que había soterrado.

Luego del acorde final, siempre hay un largo silencio. Luego, paz, es como haber vivido toda una vida. Siento haber pasado por todas las experiencias posibles para el ser humano. Siento que ya nada me puede sorprender.

Y en verdad es difícil encontrar algo tan trascendente como la belleza de esta pieza musical. Me hace creer en la existencia, imperfecta pero perfectible, en mí mismo, en la naturaleza humana. Que hay en este mundo algo más allá del lago de lágrimas de todos los días.

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