A la edad de diez años Bach perdió a ambos padres y fue a vivir con su hermano Christoph, catorce años mayor que él, un respetado músico y organista de una ciudad vecina. Lo que su hermano Chrispoth esperaba de él no era mucho, pensaba darle algunas lecciones de teclado, y mandarlo al liceo a estudiar latín, canto y otras materias. Parecía no comprender la genialidad de su pequeño hermano, o si lo hizo, reprimió al niño con indiferencia y dureza.
El pequeño Johann sufrió en silencio esta frialdad. Afortunadamente la fuerza de su genialidad era demasiado fuerte para ser derrotada. Sabía de memoria todas las piezas que le daba su hermano en las lecciones, y buscaba desfíos más grandes. Chrispoth tenía en su poseción un libro de música manuscrita de Buxtehude y Frohberger, famosos maestros de la época. Johann sentía grandes deseos de tocar las piezas del libro, pero su hermoano lo mantenía guardado en su cajón. Un día el niño montó en coraje y le pidió el libro prestado por un rato. En vez de acceder al pedido de su hermano, Christoph se enojó, y le dijo que ni se imagine que podría tocar a maestros como Buxtehude y Frohberger, debería estar contento con las lecciones que le asignaba.
Esta injusticia hizo que Johann se determinara conseguir el preciado libro a cualquier precio. Una noche de luna llena, mucho después de que todos se hayan ido a descansar, decidió poner en marcha un proyecto que venía planeando desde hace tiempo.
Arranstrándose silenciosamente a través de las escaleras llegó hasta el cajón y buscó el preciado volumen. Allí estaba con los nombres de varios músicos escritos en la parte de atrás con la letra de su hermano.
Cuando al fin el libro estuvo en sus manos, lo apretó en su pecho y se apuró en volver a su cuarto. Colocando el libro sobre una mesa al lado de la ventana, donde la luz de la luna iluminaba, tomó pluma y papel y comenzó a copiar la música del libro.
Esto era solo el comienzo de su arduo trabajo. Por seis meses, cuando la luna iluminaba su cuarto, Johann estaba en la ventana haciendo su tarea con gran pasión y diligencia.
Finalmente lo completó, y Johann, con la alegría de tenerlo finalmente, se fue a la cama sin la precaución de esconder todos los rastros de su trabajo. El pobre niño tendría que pagar por su descuido. Mientras dormía, Christoph, pensando que había oído sonidos en el cuarto de su hermano, fue a buscar la causa. Al entrar su mirada cayó sobre los libros abiertos. No había pena en su corazón por todo el trabajo, solo enojo por el engaño de su hermano. Tomó ambos libros y los llevó para esconderlos en un lugar en donde Johann no pudiera encontrarlos jamás. Pero no pensó que el niño tenía toda esta hermosa música impresa en su memoria, lo que le ayudó a superar la descepción de haber perdido todo su trabajo.